El pensar en Ella y el invocarla, sean dos cosas que no se aparten nunca ni de tu corazón ni de tus labios. Y para estar más seguro de su protección no te olvides de imitar sus ejemplos. Siguiéndola no te pierdes en el camino!

15.3.12

Legión de María

La Legión de María es un movimiento apostólico, que tiene como finalidad glorificar a Dios a través de la santificación de sus miembros, por medio de la oración y la colaboración activa en la obra de la Iglesia, fundadas en una intensa devoción a la Santísima Virgen. 1
Es esencialmente evangelizadora: se ocupa de hacer conocer a Jesús e invita a seguirlo. El espíritu de la Legión es el de María misma, es decir, el de un instrumento dócil a Dios. 2

La Legión puede ser integrada por cualquier católico: estudiantes, trabajadores/as, amas de casa; niños, jóvenes o adultos. Para pertenecer a ella, basta que practique fielmente su religión y esté dispuesto a participar regularmente de la reunión semanal, colaborar activamente en los apostolados que se desarrollan y adherirse a las normas que organizan a la Legión. 3

Entonces, uno puede incorporarse al grupo y ser inscrito como socio activo del mismo. Se le forma y acompaña, para que pueda comenzar a desempeñar los trabajos que encara la Legión junto con algún otro socio experimentado. 4
 
Si la persona no pudiera cumplir con estos requisitos, podrá alistarse como socio auxiliar de la Legión, comprometiéndose a rezar diariamente el Rosario junto a las oraciones legionarias. 5
La reunión semanal tiene una hora y media de duración. En ella se reza el Rosario, se informan los apostolados realizados y se asigna el trabajo para los próximos días (este se organiza de dos en dos y debe ocupar, por lo menos, dos horas semanales. 6
En cuanto jerarquía, cada grupo parroquial recibe el nombre latino de “praesidium” y se encuentra a total disposición del sacerdote. 7
Quienes lo dirigen son 5 legionarios activos denominados oficiales: director espiritual, presidente, vicepresidente, secretario y tesorero. La actividad de los praesidia, a su vez, es coordinada por los consejos superiores: Curia, comitium, regia, senatus y concilium. El concilium es el consejo central que gobierna a la Legión de María y radica en Dublín, Irlanda; los demás son numerosos y abarcan territorios de diferentes tamaños según el número de legionarios que hubiera.
REFERENCIAS:

1 Manual Oficial de la Legión de María. Capítulo II (Finalidad).
2 Manual Oficial de la Legión de María. Capítulo III (Espíritu de la Legión).
3 Manual Oficial de la Legión de María. Capítulo XIII (Admisión de socios).
4 Manual Oficial de la Legión de María. Capítulo X.7 (Apostolado Legionario. Formación a base del sistema maestro-aprendiz).
5 Manual Oficial de la Legión de María. Capítulo XVI.2 (Grados adicionales de los socios. Socios auxiliares).
6 Manual Oficial de la Legión de María. Capítulo XXXIII (Deberes básicos de los legionarios). 
7 Manual Oficial de la Legión de María. Capítulo XXXVII (Sugerencias para los trabajos).

8.3.12

Hombre por hombre, Doncella por doncella, Árbol por árbol

Cuando se realizó sobre el Calvario la última escena del terrible drama de la Redención, Jesús quedó colgado en el árbol de la Cruz, y al pie de la Cruz estaba María; y no como simple Madre amante, ni por una casualidad, sino cabalmente para desempeñar el mismo oficio que desempeñó en la Encarnación. Estaba allí como representante de todo el género humano, ratificando el ofrecimiento que había hecho de su Hijo en bien de los hombres. Nuestro Señor no se ofreció a sí mismo al Padre sin el consentimiento de su Madre, ni sin el ofrecimiento de sí mismo en nombre de todos sus demás hijos; la Cruz fué a la par el sacrificio de El y de Ella. Afirma el Papa Benedicto XV: "Así como es cierto que Ella sufría y agonizaba de dolor con su Hijo agonizante, también lo es que Ella renunció a sus derechos de Madre sobre aquel Hijo por causa de nuestra salvación, y le inmoló, en cuanto estuvo en su mano, para aplacar a la divina justicia. Por eso podemos decir que Ella redimió con Cristo al género humano.

San Juan de Dios, confesor

Nació y murió un 8 de marzo. Nace en Portugal en 1495 y muere en Granada, España, en 1550 a los 55 años de edad.

De familia pobre pero muy piadosa. Su madre murió cuando él era todavía joven. Su padre murió como religioso en un convento.

En su juventud fue pastor, muy apreciado por el dueño de la finca donde trabajaba. Le propusieron que se casara con la hija del patrón y así quedaría como heredero de aquellas posesiones, pero él dispuso permanecer libre de compromisos económicos y caseros pues deseaba dedicarse a labores más espirituales.

Estuvo de soldado bajo las órdenes del genio de la guerra, Carlos V en batallas muy famosas. La vida militar lo hizo fuerte, resistente y sufrido.

La Sma. Virgen lo salvó de ser ahorcado, pues una vez lo pusieron en la guerra a cuidar un gran depósito y por no haber estado lo suficientemente alerta, los enemigos se llevaron todo. Su coronel dispuso mandarlo ahorcar, pero Juan se encomendó con toda fe a la Madre de Dios y logró que le perdonaran la vida. Y dejó la milicia, porque para eso no era muy adaptado.

Salido del ejército, quiso hacer un poco de apostolado y se dedicó a hacer de vendedor ambulante de estampas y libros religiosos.

Cuando iba llegando a la ciudad de Granada vio a un niñito muy pobre y muy necesitado y se ofreció bondadosamente a ayudarlo. Aquel "pobrecito" era la representación de Jesús Niño, el cual le dijo: "Granada será tu cruz", y desapareció.

Estando Juan en Granada de vendedor ambulante de libros religiosos, de pronto llegó a predicar una misión el famosos Padre San Luis de Avila. Juan asistió a uno de sus elocuentes sermones, y en pleno sermón, cuando el predicador hablaba contra la vida de pecado, nuestro hombre se arrodillo y empezó a gritar: "Misericordia Señor, que soy un pecador", y salió gritando por las calles, pidiendo perdón a Dios. Tenía unos 40 años.

Se confesó con San Juan de Avila y se propuso una penitencia muy especial: hacerse el loco para que la gente lo humillara y lo hiciera sufrir muchísimo.

Repartió entre los pobres todo lo que tenía en su pequeña librería, empezó a deambular por las calles de la ciudad pidiendo misericordia a Dios por todos su pecados.

La gente lo creyó loco y empezaron a atacarlo a pedradas y golpes.

Al fin lo llevaron al manicomio y los encargados le dieron fuertes palizas, pues ese era el medio que tenían en aquel tiempo para calmar a los locos: azotarlos fuertemente. Pero ellos notaban que Juan no se disgustaba por los azotes que le daban, sino que lo ofrecía todo a Dios. Pero al mismo tiempo corregía a los guardias y les llamaba la atención por el modo tan brutal que tenían de tratar a los pobres enfermos.

Aquella estadía de Juan en ese manicomio, que era un verdadero infierno, fue verdaderamente providencial, porque se dio cuenta del gran error que es pretender curar las enfermedades mentales con métodos de tortura. Y cuando quede libre fundará un hospital, y allí, aunque él sabe poco de medicina, demostrará que él es mucho mejor que los médicos, sobre todo en lo relativo a las enfermedades mentales, y enseñará con su ejemplo que a ciertos enfermos hay que curarles primero el alma si se quiere obtener después la curación de su cuerpo. Sus religiosos atienden enfermos mentales en todos los continentes y con grandes y maravillosos resultados, empleando siempre los métodos de la bondad y de la comprensión, en vez del rigor de la tortura.

Cuando San Juan de Avila volvió a la ciudad y supo que a su convertido lo tenían en un manicomio, fue y logró sacarlo y le aconsejó que ya no hiciera más la penitencia de hacerse el loco para ser martirizado por las gentes. Ahora se dedicará a una verdadera "locura de amor": gastar toda su vida y sus energías a ayudar a los enfermos más miserables por amor a Cristo Jesús, a quien ellos representan.

Juan alquila una casa vieja y allí empieza a recibir a cualquier enfermo, mendigo, loco, anciano, huérfano y desamparado que le pida su ayuda. Durante todo el día atiende a cada uno con el más exquisito cariño, haciendo de enfermero, cocinero, barrendero, mandadero, padre, amigo y hermano de todos. Por la noche se va por la calle pidiendo limosnas para sus pobres.

Pronto se hizo popular en toda Granada el grito de Juan en las noches por las calles. El iba con unos morrales y unas ollas gritando: ¡Haced el bien hermanos, para vuestro bien! Las gentes salían a la puerta de sus casas y le regalaban cuanto les había sobrado de la comida del día. Al volver cerca de medianoche se dedicaba a hacer aseo en el hospital, y a la madrugada se echaba a dormir un rato debajo de una escalera. Un verdadero héroe de la caridad.

El señor obispo, admirado por la gran obra de caridad que Juan estaba haciendo, le añadió dos palabras a su nombre de pila ,y empezó a llamarlo "Juan de Dios", y así lo llamó toda la gente en adelante. Luego, como este hombre cambiaba frecuentemente su vestido bueno por los harapos de los pobres que encontraba en las calles, el prelado le dio una túnica negra como uniforme; así se vistió hasta su muerte, y así han vestido sus religiosos por varios siglos.

Un día su hospital se incendió y Juan de Dios entró varias veces por entre las llamas a sacar a los enfermos y aunque pasaba por en medio de enormes llamaradas no sufría quemaduras, y logró salvarle la vida a todos aquellos pobres.

Otro día el río bajaba enormemente crecido y arrastraba muchos troncos y palos. Juan necesitaba abundante leña para el invierno, porque en Granada hace mucho frío y a los ancianos les gustaba calentarse alrededor de la hoguera. Entonces se fue al río a sacar troncos, pero uno de sus compañeros, muy joven, se adentró imprudentemente entre las violentas aguas y se lo llevó la corriente. El santo se lanzó al agua a tratar de salvarle la vida, y como el río bajaba supremamente frío, esto le hizo daño para su enfermedad de artritis y empezó a sufrir espantosos dolores.

Después de tantísimos trabajos, ayunos y trasnochadas por hacer el bien , y resfriados por ayudar a sus enfermos, la salud de Juan de Dios se debilitó totalmente. El hacía todo lo posible porque nadie se diera cuenta de los espantosos dolores que lo atormentaban día y noche, pero al fin ya no fue capaz de simular más. Sobre todo la artritis le tenía sus piernas retorcidas y le causaba dolores indecibles. Entonces una venerable señora de la ciudad obtuvo del señor obispo autorización para llevarlo a su casa y cuidarlo un poco. El santo se fue ante el Santísimo Sacramento del altar y por largo tiempo rezó con todo el fervor antes de despedirse de su amado hospital. Le confió la dirección de su obra a Antonio Martín, un hombre a quien él había convertido y había logrado que se hiciera religioso, y colaborador suyo, junto con otro hombre a quien Antonio odiaba; y después de amigarlos, logró el santo que le ayudaran en su obra en favor de los pobres, como dos buenos amigos.

Al llegar al la casa de la rica señora, exclamó Juan: "OH, estas comodidades son demasiado lujo para mí que soy tan miserable pecador". Allí trataron de curarlo de su dolorosa enfermedad, pero ya era demasiado tarde.

El 8 de marzo de 1550, sintiendo que le llegaba la muerte, se arrodilló en el suelo y exclamó: "Jesús, Jesús, en tus manos me encomiendo", y quedó muerto, así de rodillas. Había trabajado incansablemente durante diez años dirigiendo su hospital de pobres, con tantos problemas económicos que a veces ni se atrevía a salir a la calle a causa de las muchísimas deudas que tenía; y con tanta humildad, que siendo el más grande santo de la ciudad se creía el más indigno pecador. El que había sido apedreado como loco, fue acompañado al cementerio por el obispo, las autoridades y todo el pueblo, como un santo.

Después de muerto obtuvo de Dios muchos milagros en favor de sus devotos y el Papa lo declaró santo en 1690. Es Patrono de los que trabajan en hospitales y de los que propagan libros religiosos.

San Juan de Dios: alcánzanos de Dios un gran amor hacia los enfermos y los pobres.

NOTA: Los religiosos Hospitalarios de San Juan de Dios son 1,500 y tienen 216 casas en el mundo para el servicio de los enfermos. Los primeros beatos de Colombia pertenecieron a esta santa Comunidad.

Todo lo que hicisteis con cada uno de estos mis hermanos enfermos, conmigo lo hicisteis (Jesucristo Mt. 25,40).

7.3.12

FORMACIÓN LEGIONARIA

Asistencia a la junta semanal del Praesidium:

La junta es el sostén de los socios, para vencer las debilidades existe la disciplina de la Legión, y para impulsar al socio a que termine lo comenzado; y esta disciplina se ejerce principalmente por medio de la junta. La formación de los socios depende en gran parte de ver cómo actúan los demás, y esto es lo que se manifiesta en los informes; y depende también de saber escuchar los comentarios de los demás a su propio informe. Un informe sin contenido no aprovecha ni a quien lo da ni a quienes lo reciben. El informe acopla el trabajo al Praesidium. Y por eso tiene que retratar claramente las actividades del socio -en cierto sentido, tan claramente como las escenas en una película de cine-, de tal forma que los demás socios puedan participar mentalmente en dicho trabajo, juzgarlo, comentarlo y aprender de él.

La formación espiritual de los legionarios, a nivel de Praesidium contribuye notablemente al desarrollo espiritual del legionario; pero debe señalarse que esta ayuda es colectiva. Teniendo en cuenta que cada miembro es una persona única, con sus necesidades personales, es de desear que la ayuda colectiva sea complementada con la ayuda individual y, consecuentemente, que cada uno de los miembros de nuestra comunidad cristiana sepa aprovecharse de "una dirección espiritual prudente y desinteresada".

Ejecución de un trabajo activo y solido


Como dice la tercera ordenanza fija: “la ejecución de un trabajo legionario activo y sólido, hecho con espíritu de fe y en unión con María, en forma tal que, en las personas por quienes trabaja y en sus propios compañeros, María vea y sirva de nuevo a la Persona de nuestro Señor”. El trabajo activo es una forma de oración, y por tanto hay que aplicarle las reglas de la oración. Cuanto más se parezca su trabajo a una cruz y al sufrimiento, tanto más lo debe apreciar. El legionario es un soldado y su deber no ha de ser para él cosa de menos valor que para un soldado de la tierra. La unión íntima con María es fundamental en todo trabajo legionario. Pero también es esencial que esa obra tenga por fin el infundir -en aquellos por quienes se trabaja- un conocimiento y amor a María tales, que les muevan a emprender algo en su servicio.

Estudio del manual

Cada socio tiene el estricto deber de estudiar el Manual a conciencia, y el de compenetrarse con él en cuanto pueda. Es el texto oficial de la Legión contiene todo lo debe saber el legionario sobre los principios, leyes, métodos y espíritu de la Legión de María, para cumplir bien su misión. Los socios -especialmente los oficiales- que no conozcan bien el Manual, no podrán hacer funcionar la organización; por el contrario, cuanto más lo conozcan, mejor marchará; y se confirmará un extraño fenómeno: el interés irá aumentando día a día, y la calidad con la cantidad.

Las ideas del Manual sobre el apostolado deben ser bien asimiladas, y es el Praesidium quien tiene que hacer las veces de maestro. Esto se conseguirá mediante la lectura espiritual y la allocutio, además motivando a los legionarios a que lean regularmente el Manual y lo estudien. De igual manera, el Manual es útil como medio de catequesis, pues presenta la fe de forma sencilla y asequible, siguiendo así la norma dada por el Concilio Vaticano.

6.3.12

PROHIBIDO PROPORCIONAR SOCORRO MATERIAL

La Legión de María tiene prohibido suministrar ayuda material y no es que desprecie la limosna material en si, pero resulta erróneo para su apostolado dicha práctica. El socorro por motivos sobrenaturales es algo sublime, se basan en este fin obras asociaciones de bien, como las Sociedades de San Vicente de Paúl, a cuyo ejemplo la Legión se identifica. Pero la Legión actúa en forma distinta. Su base en la entrega de bienes espirituales a toda la comunidad, y esta forma de apostolado es en la práctica el anverso del socorro material.
Alguna de las razones son: que las personas que no tienen necesidad de lo material como ayuda, muy pocas veces verían con agrado este tipo de visitas, y cerraría las puertas.

Deja esto la Legión a otras asociaciones que tienen como premisa este tipo de acción.
La praesidium que cambie estás normas llevará un clima de disgusto para el resto de la Legión. Por lo tanto actuando el legionario, como legionario o como particular, debe obtenerse de este tipo de práctica para no quebrantar las normas, bajo ninguna circunstancia debe otorgar ayuda material.

Uno solo que quebrante esta ordenanza perjudica a la legión en su totalidad. Pues en caso de querer ayudar materialmente puede hacerlo a través de otra persona o institución.
Y no quiere decir todo esto que el legionario permanezca insensible a este tipo de necesidades, simplemente su misión es otorgar a los hombres bienes espirituales y lograr con su apostolado elevar con bienes duraderos. También es preciso aclarar que las obras de ayuda personal nada tienen que ver con la ayuda material, todo lo contrario.Los legionarios deben dar prueba de la sinceridad de sus palabras en su modo de actuar, entregando amor y servicio en todas las formas que le son permitidas.